Sobre la serie fotográfica “Paisajes” de Eduardo Gil
Lic. Cecilia Cerutti.
Santa Fe, Argentina, Agosto de 2006

 

Cierro los ojos y no existe el prójimo.
Pero el sabe como vengarse.
Ahora o cuando quiera puede cerrar los ojos.
Solo cerrar los ojos.
Y entonces, yo no existo.

Mario Benedetti.
Contra los puentes levadizos.

 

La serie "Paisajes/Landscapes" tiene la notable particularidad de que los retratados tienen los ojos cerrados. En primeros planos y con el torso desnudo, la ausencia de mirada provoca no pocas reflexiones.
Mucho se ha dicho sobre la mirada en los discursos intelectuales sobre fotografía, así se puede repetir que el retrato “lleva a cabo la objetivización de la imagen de uno mismo. Por eso, es solamente el límite de la relación con los demás. Al mirar al que mira (o que fotografía), rectificando el aspecto, uno se pone a mirar como pretende ser visto: ofrece la imagen de sí mismo” (1).
La supresión de la mirada en Paisajes es una suerte de trasgresión al código del retrato, a aquellas convenciones regladas. Los ojos cerrados fueron (son) considerados un error, aquí en cambio nos encontramos con la intención del autor.
¿Donde está el tiempo?
Resulta siempre un ejercicio interesante preguntarse ¿dónde está el tiempo en las fotografías? Las fotografías de la Serie Paisajes son frontales. Recordando aquello que Pierre Bourdieu señalaba, a saber, que: “en el lenguaje de todas las estéticas la frontalidad significa lo eterno, por oposición a la profundidad, allí por donde se introduce la temporalidad, y el plano expresa el ser o la esencia, en suma lo intemporal”(2).
¿Dónde se halla el tiempo entonces en la serie de Eduardo Gil en un espacio tan restringido? Es probable que la respuesta se hallé en el detalle, o sea en los ojos cerrados. ¿Cuáles son los momentos en que cerramos los ojos? Cuando pedimos deseos frente a la torta de cumpleaños (a futuro), cuando el dolor de las imágenes nos acechan y no queremos ver lo sucedido (ya pasó, tiempo pasado), cuando dormimos para entregarnos al sueño onírico (tiempo presente). Todas circunstancias que remiten al tiempo. Noción altamente considerada en “el tiempo actual” donde sentimos una aceleración del mismo. Nuestra percepción interior del tiempo es que éste es más veloz, de aceleración. ¿A qué se debe? A las nuevas tecnologías, desde los aviones al café instantáneo. Al acontecimiento:  en un abrir y cerrar de ojos caen las torres más altas del mundo, en un abrir y cerrar de ojos se abre la puerta del supermercado, en un abrir y cerrar de ojos: Clic, el obturador fue apretado, el retrato fue tomado y lo que era considerado un error Eduardo Gil lo reconvierte en un juego semiológico. Click: el instante.
“La imagen fija ha tenido, evidentemente, una relación privilegiada con la noción de instante, en cuanto a que ésta persigue extraer imaginariamente, del flujo temporal, un “punto” singular, de extensión casi nula, próxima pues, a la imagen (que tiene, a su vez, una dimensión temporal intrínseca totalmente nula”(3).
Los ojos cerrados de estas fotografías remiten a la noción de “instante” donde se juegan, en ellas precisamente, dos estéticas: la del “instante esencial” y la del “instante cualquiera”. El primero:“el instante esencial (o instante más favorable) se define como un instante perteneciente a un instante real que se fija en la representación [...] la invención de la fotografía ha demostrado que no había puntos temporales [...] y representar un acontecimiento por un “instante” solo es posible apoyándose en codificaciones semánticas de los gestos, de las posturas, de toda la escenificación”(4).El segundo: el instante cualquiera,“se hizo posible hacia 1860 con la instantánea fotográfica que permitió acceder a una representación auténtica del instante, tomado de un suceso real [...] el gusto por el instante cualquiera apareció, incluso antes de la invención de la fotografía en ciertos géneros pictóricos que procuró dar la ilusión de que no se había elegido el momento representado”.
Aumont cita como ejemplo de ello particularmente a la pintura de paisajes- casualmente título que da nombre a la Serie aquí en cuestión-.
Como se mencionase anteriormente, se juegan en estas fotografías de Eduardo Gil el instante esencial escenificado a través de las posturas del retrato y la estética de lo instantáneo a través de los ojos cerrados adrede y donde el referente funciona perfectamente.
Cuerpos “des”: Se puede concluir diciendo que en las fotografías que componen la serie “Paisajes” la temporalidad ha sido intensamente cuidada y el cuerpo ha resultado el primer objeto atrapado en ese miramiento. Aparentemente semejantes entre sí y carentes de identidad, subjetividad y distinciones. Son cuerpos despojados, desnudos, desarraigados y desterritorializados. Es movilizador encontrarse con cuerpos sin disimulos, sin adornos, sin maquillajes en una época de espectacularización, de identidad forzada, de apariencias.
Y qué ocurre con la seducción, entonces, si la mirada es el motor y aquí es solo uno el que mira. El gran teórico de la seducción, Jean Baudrillard alerta:
“El rasgo de la seducción es más que un signo. Igual que la mirada, cuya fuerza procede justamente de no ser un intercambio, sino un momento dual, instantáneo, sin desciframiento. La seducción sólo es posible por este vértigo de reversibilidad (también presente en el anagrama) que anula cualquier profundidad, cualquier operación de sentido en profundidad: vértigo superficial, abismo superficial. [...] El actual sistema de disuasión y disimulación consigue neutralizar todas las finalidades, todos los referenciales, todo el sentido, pero fracasa en neutralizar las apariencias. Controla eficazmente todos los procedimientos de producción de sentido pero no controla la seducción de las apariencias. Ninguna interpretación puede explicarla, ningún sistema puede abolirla. Es nuestra última oportunidad”(5).

1) Bourdieu, P. La fotografía. Un arte intermedio. Ed. Nueva Imagen. México
2) Ídem anterior
3) Aumont, J. La imagen. Ed. Paidos Comunicación
4) Ídem anterior
5) Baudrillard, J. El otro por sí mismo. Ed. Anagrama