Fotografías de Eduardo Gil
Pablo Corral Vega

Revista Nuestra Mirada, octubre de 2009

En San Telmo, el más tradicional de los barrios porteños, tiene su estudio Eduardo Gil, uno de los fotógrafos más reconocidos de Argentina. Se sube al tercer piso por uno de esos viejos ascensores que sólo perviven en Buenos Aires. En el estudio de Eduardo Gil hay una serie de cuartos convertidos en talleres y oficinas. Hay grandes fotografías en las paredes, y docenas de marcos arrumados que acaban de llegar de una exposición.

En las semanas que pasé en Buenos Aires conociendo a fotógrafos, escuché muchas veces el nombre de Eduardo Gil. No solamente por su arte con la cámara, sino porque se trata de un influyente maestro, promotor y curador. Tanto es así, que la mayor parte de los fotógrafos argentinos de la nueva generación han pasado por sus talleres
Eduardo es un hombre menudo que habla con la precisión matemática de un filósofo.

¿Cuándo comienza tu relación con la fotografía

Entré en el mundo de la fotografía por casualidad. Cuando se produjo el golpe de estado de 1976, yo era delegado sindical de una multinacional y fui inmediatamente fichado por la dictadura. Tuve que optar entre seguir con vida o renunciar. Como no sabía a que dedicarme, un compañero que hacia fotografía de casamientos y cumpleaños me dio algún trabajo. No me gustó mucho, por lo que empecé a hacer lo que más he hecho profesionalmente hasta hoy, que es fotografía de prensa. En un primer momento fue una forma de ganar el sustento. Luego me di cuenta de que la fotografía podia ser algo más que una forma de subsistir.

¿A qué te refieres, qué descubriste?

Toda mi fotografía de esa época es de denuncia, militante, pensaba que con mis imágenes podía hacer la revolución. Me di cuenta rápidamente que con la fotografía sola no se puede. Entendí que a lo sumo podía hacer pequeñas revoluciones internas, cambios insignificantes y cotidianos en mi. El arte en aquel momento era algo absolutamente lejano. El mundo pasaba por la política, por la militancia, por el conocer el mundo. Y poco a poco fue naciendo el amor por la imagen. Primero mi fotografía fue muy bressoniana: Leica, blanco y negro…, pero fruto del estudio y de la necesidad de cambio, fui transformando mi fotografía hasta lo que es en la actualidad, que no se parece demasiado, por lo menos en la superficie, a lo que hacía en aquellos años a principios de los 80.

¿Qué piensas de la fotografía documental?

No deberiamos considerar como sinónimos fotografía documental y fotografía de prensa.
La fotografía de prensa por definición es una fotografía con epígrafe (obviamente el contexto, la página impresa, las otras imágenes que la acompañan o el solo hecho de estar en tal o cual medio tambien actuan como epígrafe). Es decir, una foto en un diario no es una foto a interpretar. Es una foto que, se supone, deberia informar sobre una circunstancia ocurrida en tal lugar preciso y en una circunstancia puntual.
Respecto de la fotografía documental (y considerando que los documentos siempre se apoyan en acuerdos previos respecto de su legitimidad) podriamos sintetizar diciendo que existen dos opciones: que ninguna fotografía pueda ser un documento (en terminos de veracidad, objetividad y neutralidad) o por el contrario, que toda fotografía lo sea (tal como lo entendia Paul Strand) respecto de la necesidad de existencia de algo concreto frente al objetivo…
Esto se relaciona con el concepto barthesiano respecto del noema de la fotografía, el “esto ha sido”. Aca se emparenta toda la fotografía: tanto una foto carnet como una de una torta de bodas, una foto escenificada o una fotografía “artística”, todas muestra algo que “ha sido”.
Aunque aquí aparece la inmediata aclaracion: Barthes dijo “esto ha sido” y no “esto ha sido asi”… y ese es otro tema, el de la manipulacion y la crisis contemporánea respecto de los usos tradicionales de la fotografía, consecuencia en gran medida de la pérdida de fe en la veracidad de la imagen fotográfica.

Me dijiste que no quieres darme ningún detalle sobre las fotos de (argentina), el ensayo que estamos publicando en Nuestra Mirada. Sólo sabemos que las fotos fueron tomadas en Buenos Aires.

(argentina) es entendido de una manera por un habitante de la Argentina que conoce nuestra historia reciente y todo el horror de la dictadura militar (más el período menemista), pero he visto que tambien que en otros lugares la gente reconoce cosas propias de la historia de su país y de su realidad es decir, hay ciertas cuestiones que ademas de los elementos individuales son universalizables.
Justamente, si yo doy la informacion de lo que estaba ocurriendo al hacer las fotos las literalizo, las cargo con informacion acotándolas solo a un momento y un único significado. La propuesta es que quien transita el trabajo busque simbolismos y asociaciones metaforicas en la relacion que se produce entre las imágenes completando y enriqueciendo mi trabajo.
Las fotografías fueron tomadas (entre 1985 y 2000) en Buenos Aires, pues es donde vivo. Intentan ser una metafora de la Argentina post dictadura hasta hoy.

Tú te has alejado de la fotografía documental, ahora estás haciendo cosas mucho mas conceptuales. Nos puedes contar un poco cuál ha sido el proceso.

En principio la fotografía que estoy haciendo es una fotografía directa, practicamente sin manipulacion posterior, salvo las correcciones previas a la impresión. Es fotografía color, en formato medio, y las copias miden 1 m x 1.2 m o más. No tienen ese tono de denuncia que se asocia por default con la fotografía documental pero creo que mi fotografía hoy es más documental que nunca.
En mis inicios usaba muchísimo el gran angular, buscando encuadres de fuerte impacto visual, tratando de incidir en la emoción del espectador con efectos de gran expresividad (mucho contraste, grano, etc.) Lo que hago hoy es exactamente lo contrario y esto ha sido fruto de un proceso de varios años.
Despues de (argentina) hubo un período intermedio en el que dejé el blanco y negro. Comencé a hacer color a modo de trípticos o polípticos que se cierran sobre sí mismos, de un tono más críptico o cargados de simbolismos. Este fue un período bisagra en el que aún estaban muy presentes algunas de mis obsesiones iniciales.
Más adelante tuve la necesidad de formatos mayores e impresiones mucho más grandes. Como parte de un trabajo de revisión crítica de mi producción anterior y de mis propios paradigmas comence una búsqueda en varias direcciones (Paisajes, Aporías, etc.) en las que basicamente trato de alejarme de toda anécdota, de los simbolismos y de las tentaciones expresionistas.
Me interesa conectar al espectador con la huella sensible de lo que elegí dejando que la potencia indicial se manifieste. Me fuerzo a una cierta abstinencia y trato de despojarme del oficio o de la “experiencia”. Me interesa la potencia de lo indicial.

¿Puede un fotógrafo moverse entre el mundo del arte y el documentalismo?

Para mi no son términos antitéticos. Si hablamos de fotografía profesional o puntualmente de fotografía de prensa, tengo absolutamente dividido mi cerebro. Cuando estoy trabajando en una nota pienso que me están pagando por un trabajo que un editor necesita. Generalmente disfruto mucho de mi trabajo pero tiene que ver con otras necesidades diferentes a las que pongo en juego en mi obra personal.
Tenemos que trabajar bajo requerimientos que a veces coinciden con nuestros gustos estéticos o ideológicos y otras no pero en todos los casos tiene que ver con necesidades de otros que tenemos que satisfacer. Mi receta es simple, cuando yo trabajo, trabajo. Estoy en un mercado altamente competitivo, de mucho nivel y donde debo esforzarme al maximo para lograr los estandards de calidad que se me piden. Trato de ser todo lo creativo y eficaz que puedo, pero ahí se termina la cosa. Buen trabajo, buena paga. Punto.
Cuando yo trabajo en mi obra, yo soy mi propio patrón. Soy el que se pone los límites, trabajo de acuerdo a mis ideas, obsesiones y planteamientos estéticos. El fotoperiodismo no es mi obra, no tiene que ver con mis necesidades estéticas sino con mis necesidades laborales.

Los paradigmas están cambiando radicalmente con el advenimiento de lo digital y ahora tenemos millones de personas tomando fotos

Estamos en un momento muy parecido a lo que pasó a fines del siglo XIX, cuando aparece la “Kodak 100 vistas” a un costo irrisorio. Esto provocó la irrupción de una legión de “salvajes” que se volcaron a la fotografía sin tener, como ocurria hasta entonces, la menor nocion de historia del arte, reglas de composicion o de lo que estaba esteticamente bien o mal. Estos “salvajes” son los que definieron gran parte de la estética fotográfica del siglo XX. Siempre digo que las reglas de composición se murieron en 1888 con la popularizacion de la Kodak. Creo que esta masificación y banalización de la fotografía actual hay que tomarla como algo positivo o como parte del contexto en el que quienes trabajamos con imágenes debemos abrevar.

¿Que les dices a tus alumnos respecto de la libertad y la necesidad de encontrar una voz auténtica?

Que tienen que escuchar sus necesidades personales, estudiar y trabajar duro para encontrar elementos propios, significantes, y por sobre todo, honestos. No podemos conformarnos con lo que ya tenemos, seguir instalandonos comodamente en la reiteracion de lo que Philippe Dubois llama las estéticas redundantes. Hay que preguntarse cada día si se puede tensar un poco más la cuerda, si se puede dar una vuelta más de tuerca, creo que esa es la clave. Deberíamos darnos la posibilidad de cambiar libremente.